Página de Inicio

Reciban un fraternal saludo de parte del Grupo de Estudio, Debate y Propuestas ACUNI 74.

Los invitamos  a participar en este escenario virtual, que se constituye como medio para expresar nuestras reflexiones e inquietudes relacionadas con el desarrollo de nuestro país.

Construiremos este sitio web con los aportes y debates que el Grupo Acuni74 genere y que el comite admistrador intentará organizar.

 

4 pensamientos sobre “Página de Inicio”

  1. 11 SEPTIEMBRE, 2015 A LAS 1:05 AM
    DAVID ROMERO

    Con el inicio de esta pagina http://WWW.ACUNI74.COM saludamos a todos los compañeros de ACUNI74 así también a los c.c. que no están con nosotros. Con esta página iniciamos el proceso de aportar propuestas y alternativas ante los diversos problemas que atraviesa nuestro país dentro de un espíritu solidario y democrático.
    La pagina está en construcción pero lograremos consolidarla con la participación activa y creativa de todos los compañeros de ACUNI74.
    David Romero.

  2. Estimados amigos:
    Ante todo mis mejores deseos con motivo de las fiestas de fin de año. Me permito hacerles llegar un artículo que he escrito sobre la actual situación política. Las palabras de David son como siempre suficientemente amplias para recoger ese común ánimo que nos comunica.

    DEJA VU: LA “SUPERCONVIVENCIA” Y EL POSIBLE “NUBENAUTA” PPK
    Prof. Alvaro Montaño Freire
    13 de diciembre del 2016
    Estuve anoche en la marcha convocada por colectivos de jóvenes para protestar contra la mayoría congresal con el lema “La educación se respeta”. No puedo afirmar cuántos éramos, pero de seguro que varios miles. Tal como se estila en la actualidad, no existía un mando central, se trataba más bien de agrupaciones diversas cada una con sus propias frases, algunos con tambores, otros con muñecos y muchos con carteles hechos mediante computadoras personales.
    El mundo ha cambiado y la forma de protestar, también. Sin embargo, mientras conversaba sobre la inminente decapitación del ministro de educación con amigos que encontré, me pareció que el Perú asiste a un periodo político que tiene precedentes. La reminiscencia que viene a la mente tiene más de medio siglo, cuando era yo escolar y la superconvivencia entre el odriismo y el aprismo desde su mayoría en el parlamento hostigaba al presidente Belaunde. Durante varios años estuvo abierta la temporada de caza de ministros, o mejor dicho de censuras, siempre con alguna razón, que en el fondo era mero pretexto.
    Recuerdo que el arquitecto Belaunde llegó al gobierno con un fuerte apoyo que fue perdiendo porque no demostró capacidad política para enfrentar a la prepotente mayoría parlamentaria. Cuando al final vino el golpe militar de Velasco Alvarado, nadie lo defendió, sus antagonistas se habían esmerado en debilitarlo y sus originales apoyos lo consideraban traidor. El arquitecto gustaba presentarse con un mapa del Perú en el cual mostraba las carreteras que pensaba construir, de “Caballococha a ….”; pero la población sentía que estos proyectos estaban lejos de la realidad política y no fue el genial Sofocleto quien lo dibujó viviendo en una nube, era el “nubenauta”.
    La actual mayoría parlamentaria, constituida principalmente por el fujimorismo y secundariamente por el APRA, tiene una característica política muy clara: es un populismo autoritario de derecha, tal como fue en su tiempo la mayoría de la superconvivencia. A decir verdad, es una práctica política con mucha historia en nuestro país. Puede remontarse a los tiempos de don Nicolás de Piérola que combatió al gobierno del presidente Manuel Pardo y Lavalle entre 1872 y 1876. Don Nicolás supo ganarse un fuerte apoyo, reclamando que los beneficios clientelistas se extiendan a sus bases regionales más allá del grupo civilista principalmente limeño. En realidad, como denunció González Prada, la prédica pierolista tenía un contenido ultraconservador de alianza con los sectores más arcaicos del catolicismo.
    Manuel Pardo, Fernando Belaunde en su primer mandato y quizás el actual Kuczynski, comparten una característica frente a sus opositores: un cierto hálito liberal, un interés por respetar las formas de la institucionalidad política basada en la competencia. El sistema de competencia política que tiene su centro en los derechos de organización y expresión orientados a la disputa electoral, no encorseta al populismo autoritario de derecha. Más bien, estos sectores procuran ganar respaldo en los estratos medios y pobres sobre la base de repartir prebendas y reconocer necesidades puntuales, sobrepasando la institucionalidad política cuando hace falta.
    Se ha perdido, por el tiempo transcurrido, el recuerdo muchos años intenso de doña María Delgado de Odría visitando los entonces nuevos asentamientos de los migrantes rurales y se encuentra perfectamente vivo el recuerdo del señor Alberto Fujimori recorriendo los pueblos del interior para instalar pequeñas pero reales obras en su beneficio.
    Hay muchas diferencias entre el asesor internacional de empresas transnacionales, ciudadano estadounidense hasta antes de las elecciones y el líder reformista que reclamó la nacionalización de la IPC y quiso hacer una reforma agraria; pero aun así, durante los últimos y decisivos días del reciente proceso electoral, donde denunció el peligro de un “narcoestado” y luego, en su discurso inaugural del 28 de julio, cuando ofreció nada menos que una “revolución social”, el señor Kuczynski ha tomado distancia del autoritarismo derechista. Eso es lo que tuvieron muy en cuenta los jóvenes estudiantes universitarios presentes en la marcha de ayer.
    Quienes afirman que la mayoría congresista autoritaria se va a dar por satisfecha con los personajes que ya ha impuesto al gobierno y la cabeza de Saavedra, no toman en cuenta la experiencia histórica. Estos populismos de derecha tienen entre otras “virtudes” el gusto por imponerse que sus propias bases celebran y reclaman. Frente a ellos, los líderes con actitudes liberales suelen ser blandos y concesivos de lo que resulta gran ventaja para los enérgicos y agresivos populistas que hacen saber “con quién se meten” mientras los modositos tiemblan. De nada le sirvió a Saavedra saludar uno por uno a los congresistas incluyendo besos a las damas y mantenerse impasible frente a las furibundas frases de la mayoría.
    Puede ser que el señor PPK termine como el “nubenauta” de hace décadas, incapaz de generar un acuerdo nacional que abarque la gran mayoría de los sectores políticos y sociales de manera que pueda contener el autoritarismo. Podrías ser por el contrario que encuentre el camino, manteniendo sus diferencias políticas, sus propuestas de tono liberal en cuanto a la conservación del sistema competitivo.
    No estamos en condiciones de adivinar el porvenir, ni siquiera a corto plazo. Lo que sí podemos decir es que, en el sistema político competitivo, las formas son el contenido y por lo tanto, el cuestionamiento vale tanto para los populismos autoritarios de derecha, como para los de izquierda. Visto así, la tarea es construir perpetuamente y desde el sistema competitivo, una sociedad de ciudadanos, esto es, donde las personas tengan capacidad para hacer política ellas mismas, donde la necesidad de consumir no reemplace por completo la urgencia de vivir con los demás. En el caso peruano, la tarea incluye lidiar con nuestra profundísima tradición patrimonialista y clientelar, que va como anillo al dedo al populismo autoritario.

  3. Buen articulo, las referencias históricas precisas. previamente antes de esbozar un comentario es pedir autorización a Alvaro si el articulo lo puedo publicar en el Blog Socialismo Peruano.

    No se trata de adivinar que es lo que va a pasar, el tema de alietoriedad no se da un tanto en política. Esta visto desde el inicio de su gestión, el fujimorismo es copar y sacar del gobierno a PPK. No hay necesidad de ser adivinos. ” Si el pequeño animal pia, es amarillo, y se acurruca donde su mamá” es sabido que es un pollito. Un abrazo para todos

  4. Estimados amigos ACUNI74
    Compartiendo su espíritu de diálogo, me permito hacerles llegar dos artículos que he preparado recientemente.

    Cordialmente
    Alvaro Montaño

    EL CAMINO NO ES COBRAR A LOS ESTUDIANTES
    Prof. Alvaro Montaño Freire
    07 de abril del 2017
    Las autoridades de la UNMSM han decidido hacer algunos cobros a los estudiantes. En realidad, son pequeños, pero están dando pábulo a la reaparición de muy antiguos argumentos en contra de la gratuidad de la enseñanza universitaria pública.
    El Estado, en la tradición latinoamericana creada durante el siglo XX, asume la obligación de garantizar educación superior a todos los habitantes que tengan condiciones y voluntad al margen de sus ingresos. También puede asumirse la misma posición desde la óptica de un capitalismo donde se compensa la inevitable tendencia del mercado a recrear diferencias y privilegios, Piketty dixit.
    Desde que se planteó la reforma universitaria latinoamericana hace un siglo, los sectores conservadores y derechistas han procurado obstaculizar la gratuidad de la enseñanza con el criterio, para ellos muy justo, de que toda intervención estatal redistributiva debe combatirse. Naturalmente, han encubierto o adornado su punto de vista de principio poniendo el ejemplo de los alumnos brutos u ociosos.
    Ahora tenemos el no tan grato resurgimiento de tales criterios. En su programa radial del 06 de abril, el señor Philip Butters ha sostenido que la gratuidad de la enseñanza universitaria pública debe revisarse en el sentido de colocar costos verdaderamente significativos, de hasta 200 soles por crédito, a los alumnos repitentes, lo que, según el refinado caballero, aportaría millones que tanto reclama la universidad pública. En la misma semana, el señor Aldo Mariátegui en su ilustrada columna de Perú 21 ha pontificado sobre la gratuidad, explicando que debe ser solo para los “menesterosos”, pero el resto debería por lo menos pagar una cuota plana y, por supuesto, los que estudiaron gratis deben aportar esa misma cuota una vez egresados.
    En realidad, el problema de la gratuidad tiene muy poco que ver con el aporte de los estudiantes. Como ha sostenido la Asociación Nacional de Universidades Públicas del Perú-ANUPP, desde los años 90 el Estado peruano ha subvencionado a las universidades privadas, principalmente aquellas con fines de lucro creadas especialmente para aprovechar el malhadado Decreto Legislativo 882 que, contra el espíritu del propio texto constitucional de 1993 y mucho más de la Constitución anterior, indebidamente extiende a actividades lucrativas, exoneraciones que tradicionalmente el Estado peruano ha otorgado solo a instituciones de bien social, sean públicas o privadas.
    El Perú debería cancelar estas exoneraciones que permiten ganancias extraordinarias a negociantes que luego las utilizan para intervenir en la política convirtiéndose en un poder oscuro muy peligroso. Además, en los últimos años se ha beneficiado estas instituciones con la BECA 18 pese a que no figuran entre las privadas de mejor calidad. Una contribución muy significativa para ofrecer enseñanza universitaria pública de calidad sería la propuesta por ANUPP, es decir que se anulen todas estas subvenciones y que el dinero rescatado constituya fondo intangible en favor de la calidad de las universidades del Estado.
    La solución no es cobrar a los estudiantes. El camino real es cambiar la política privatizadora de la educación superior universitaria que se inició hace dos décadas. El Estado debe financiar la formación de personal altamente calificado y la creación de conocimientos necesarios para mejorar la vida de la población y apoyar la productividad y competitividad de las empresas en base al conocimiento. Sobre esta base, por supuesto, es muy legítimo que los contribuyentes exijamos a los estudiantes que estudien y que se apliquen políticas de estricta meritocracia para estudiantes y docentes.
    La promesa de la república, tal como planteó Basadre, no se ha cumplido. El abismo social y el Estado empírico que denunció el gran historiador siguen en gran medida vigentes. La desgracia del Niño Costero y la vergüenza de Odebrecht confirman que, pese a los enormes cambios producidos, gracias a sucesivas expansiones del mercado y al impulso de la gran migración campesina indígenas a las ciudades iniciada a mediados del siglo pasado, lacras sociales del siglo XIX todavía hacen horroroso el rostro del Perú, pese a tantísimos rostros vibrantes de los y las peruanas, como Evangelina, la mujer que surgió del huaico.

    MUCHO ANTES DE ODEBRECHT: PATRIMONIALISMO Y CLIENTELISMO EN LOS
    TIEMPOS DEL GUANO
    Prof. Alvaro Montaño Freire
    24 de marzo del 2017
    A manera de párrafo introductorio, cabe citar al historiador Carlos Contreras, coautor del manual sobre historia republicana más difundido de los últimos lustros. Acaba de sostener, a propósito del escándalo detonado por las delaciones de la empresa Odebrecht, que la trilogía de “tradición personalista y presidencialista, economía de renta y desigualdad económica reina sólida y robusta entre nosotros”. Escribe que, si bien la corrupción es un mal universal, nuestro suelo luce particularmente fértil para esta mala hierba. Citando a otros científicos sociales dice que el fuerte componente personalista del poder entre nosotros, “propio de la tradición hispánica y quizás también indígena” aliado al sistema presidencialista, le es particularmente propicio, pues “el poder resulta encarnado en alguien que aparece dispensando favores a la gente antes que administrando el ejercicio de sus derechos. No existen ciudadanos que disfrutan de lo que legítimamente les corresponde, sino poblaciones suplicantes que consiguen movilizar la largueza del gobernante”.
    Corrupción: hoy como ayer
    El abuso del poder económico o político, incluida la corrupción, es en efecto, una realidad de todas las sociedades, aunque en diferente grado y según sus fundamentos históricos; en nuestro caso, tal como explica Contreras, tantas generaciones después de la proclamación republicana, los peruanos no tenemos todavía una consistente relación de ciudadanos con el Estado: no es algo que hayamos perdido, nunca ha existido.
    La actual corrupción practicada por propietarios y funcionarios públicos en el Perú tiene raíces que no se circunscriben al modelo económico ni a las normas legales y administrativas; expresan, además, remanentes y repercusiones de la tradición que estuvo plenamente vigente en el siglo XIX de patrimonialismo y clientelismo, ambos vividos en las condiciones del estamentalismo étnico. Para ejemplificarlo, se justifica abordar dos momentos históricos:
    En los primeros años de su gobierno (1851-1854), el presidente Rufino Echenique multiplicó la cantidad de dinero repartido a los “consolidados”, supuestos acreedores del Estado, de cinco a más de veinte millones de pesos (siendo que hasta antes de las exportaciones guaneras el total del presupuesto del Estado oscilaba alrededor de cinco millones ). Se desató el escándalo y el pragmático general Ramón Castilla, quien lo había precedido en el poder y apadrinado en su candidatura, encabezó una rebelión militar que terminó derrocándolo. Por desgracia, el régimen establecido en autoproclamada lucha contra la corrupción, no solo terminó dando por válidos los inicuos repartos de dinero y gobernó con sus beneficiarios, sino que se dedicó a perfeccionar el clientelismo, del que llegó a ser el más “insigne” exponente en su época.
    Siglo y medio después, el año 2000, al caer el gobierno autoritario de Alberto Fujimori, el Perú sorprendió al mundo metiendo presos a muy altos funcionarios civiles y oficiales de la fuerza armada acusados, entre otras cosas, de enriquecimiento ilícito. El 2005, durante el gobierno de Alejandro Toledo, inició el Perú los trámites para extraditar a Fujimori desde Chile. Ahora, según confesiones perfectamente atendibles, sabemos que mientras Toledo se presentaba como el adalid anticorrupción, un año antes, en noviembre del 2004 en Brasil, definió los términos de un soborno multimillonario de la empresa Odebrecht a su favor.
    Y no se trata de unos cuantos ejemplos; Alfonso Quiroz, en su investigación sobre la historia de la corrupción, que en medio de los actuales escándalos se ha convertido en una de las referencias más frecuentes, ofreció un retrato de los métodos una y otra vez revividos para extraer ilegalmente las riquezas del país en favor de grandes propietarios locales y extranjeros en contubernio con autoridades de todos los niveles.
    Un primer resumen de Quiroz sobre las tendencias republicanas iniciales, sostiene que las “primeras redes de patronazgo de los caudillos militares, dependientes de la rapiña y las inconstantes finanzas de emergencia y guerra, se transformaron gracias a los ingresos del guano en redes más sofisticadas que audazmente abusaban de los medios financieros públicos a una escala y coordinación nunca antes vistos. Los lazos existentes entre los principales jefes y figuras de estas redes, y sus relaciones generacionales brindan evidencias reveladoras del lado obscuro de la historia peruana y su legado de corrupción orgánica y sistemática”.
    Más adelante, en el acápite Venalidad impertérrita, hace una nueva síntesis de sus apreciaciones: “En conclusión, la temprana república heredó las viejas estructuras patrimoniales de la corrupción ligadas al patronazgo de los caudillos militares. Estas redes caudillescas tenían una importante similitud con el patronazgo de la corte virreinal… La prominencia de la “patriótica” rapiña caudillista y la corrupción en las adquisiciones militares emuló el viejo “premio” del virrey y el drenaje de los recursos militares virreinales… Los sobornos en los contratos públicos, particularmente los de las exportaciones de guano, se dispararon en las décadas de 1840 y 1850, a medida que la renta guanera crecía y las camarillas deseaban conseguir ganancias monopólicas rentistas. Los extensos abusos y la corrupción incontenida de las autoridades provinciales enfatizaron el fracaso de anteriores reformas administrativas…”
    Y continúa: “La legislación de la deuda pública, los tempranos contratos de consignación del guano y las políticas económicas y comerciales fueron desviados intencionalmente de su objetivo del bien común por autoridades, empleados públicos y parlamentarios corruptos, así como por grupos de interés locales y extranjeros… Los funcionarios gubernamentales coludidos, los enviados diplomáticos peruanos en el extranjero y los hombres de negocios locales y extranjeros manipularon en provecho propio las normas y metas del crédito público”.
    En este texto se caracterizan las formas de subordinación y exclusión que existieron en el Perú del siglo XIX, condiciones históricas y sociales en las cuales la apropiación ilícita de inmensos recursos públicos por parte de los grandes funcionarios y propietarios (principalmente comerciantes, financieros y terratenientes), fue de la mano con el reparto de beneficios a poderes locales y también a estratos medios o populares, subordinados y explotados, a cambio de legitimación para quienes se encontraban al mando en los diferentes niveles. Era, además, en ese entonces, muy evidente el carácter étnico de la estratificación social: en la cúpula prevalecía la autopercepción de ser descendientes de europeos, claramente distintos del campesinado pobre indígena.
    Aunque el centro de interés de este artículo es el periodo de superexportaciones guaneras, la época considerada va desde 1820 hasta los años inmediatamente posteriores a la invasión chilena de 1879-1884. El propósito no es ofrecer un listado de los escándalos ni de los visibles o soterrados beneficiarios; más bien se quiere hacer aproximaciones sobre la definición y el significado de las estructuras sociales y políticas dentro de las cuales lo “natural”, y hasta casi lo único posible es considerar al Estado y en general a la colectividad de los peruanos como un asunto ajeno, respecto al cual ni ricos ni pobres se sienten obligados. A diferencia de otras sociedades, como el Japón de la segunda mitad del siglo XIX, los habitantes de nuestro país en el ochocientos carecieron de un sentido de pertenencia y común obligación.

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